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Yo soy mi propia esposa PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Sujey Rodriguez   
jueves, 29 de julio de 2010
Héctor Bonilla encarna al activista travesti Charlotte von Mahlsdorf, y a 34 personajes más que rodearon la vida del también coleccionista de antigüedades.

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Enfrentar un reto de esta índole amerita mucho el trabajo de un actor y Héctor Bonilla aceptó el reto. En la obra número 126 de su carrera, Bonilla interpreta la vida del travesti Charlotte von Mahlsdorf. La obra del dramaturgo Doug Wright obtuvo en 2004 el Pullitzer y después de ser llevada a Broadway ganó los premios Tony y Drama Desk.

Después de saber de la existencia de Charlotte, Doug Wright comenzó una serie de entrevistas que lo llevaron a descubrir que además de ser un sobreviviente del nazismo y de la Alemania comunista, fue un informante de la Stasi (policía secreta de Alemania del Este) este episodio oscuro del personaje hace que el dramaturgo tenga un conflicto para la obra.

Los derechos de Yo soy mi esposa fueron adquiridos por los productores Guillermo Wiechers y Juan Torres, y ellos fueron los encargados de traducir el texto escrito en inglés y alemán al español, además de realizar un investigación profunda acerca de la vida de Charlotte.

La puesta no tiene modificaciones en el vestuario y uno de los requisitos del autor es que Héctor Bonilla trajera siempre consigo un collar de perlas que Charlotte portaba siempre.

Dirige: Lorena Maza

Charlotte von Mahlsdorf, un coleccionista muy singular:

Von Mahlsdorf (1928-2002) se dedico a coleccionar todo tipo de muebles de finales del siglo XIV, muebles que tienen una fuerte carga simbólica por ser propiedad de judíos deportados y asesinados, cada pieza es una familia muerta. Dicha colección sirvió para fundar el museo Gründerzeit, de Berlín.

 

 

[Yo soy mi propia esposa]
Viernes, 20:30 hrs.
Sábado, 18 y 20:30 hrs.
Domingo, 18 hrs.

TEATRO RAFAEL SOLANA
Miguel Ángel de Quevedo 687, Col. Coyoacán
Tel. 5554 1633
(Cerca de metro Miguel Ángel de Quevedo o Taxqueña)
Admisión: $320
*Imagen tomada de www.circuloverde.com.mx

 

Entrevista con Héctor Bonilla


Héctor Bonilla es quizá uno de los histriones más polifacéticos del teatro en México. Como actor ha protagonizado desde obras de cámara hasta musicales de gran formato: fue el cura Silverio en El Diluvio que viene, que tiene record de más de un millón de asistentes en una temporada. Recientemente interpretó a Sigmund Freud y es director de Defendiendo al cavernícola con más de nueve años en cartelera. Ahora interpreta a 35 personajes en la puesta Yo soy mi propia esposa.  

En esta charla nos relata los por menores de la puesta y nos comparte algunas visiones del teatro. 

Entrevista realizada por: Edgar López - Dónde ir

 

¿Quién es Charlotte von Mahlsdorf?

Es un travesti que alcanzó fama mundial. No se maquillaba, no era una vestida. Se ostentaba como un hombre vestido de mujer. 

 

¿Por eso se hizo famoso?

Tú sabes, lo que resuena, lo que tiene gran éxito es lo inusitado.

En este caso un hombre vestido de mujer. Se llamó Lothar Berfelde, y sobrevive a los dos regímenes más homofóbicos de la historia: el nazismo y el comunismo.

Este cabrón se ostentó vestido de mujer, a cara limpia. Sobrevivió al nazismo, se chutó los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Después todo el comunismo, hasta la caída del muro. 

Es un ícono gay. Pero, como todas las cosas, también tiene un sesgo político. A la caída del muro, al nuevo gobierno alemán le encantó resaltar que hubo alguien que sobrevivió a los comunistas. El nuevo Estado, por medio del Ministerio de Cultura, le otorga una medalla al mérito. Por sobrevivir y ser conservacionista, o sea por exhibir objetos de la última década del siglo XiX, que algunos denominan la época gay. 

 

¿Qué es lo que exhibía en ese museo y dónde ese encontraba? 

Estaba en su casa de Berlín y ahí mostraba muebles, objetos varios, cerilleras, trinchadores, vajillas y relojes. Todo lo que le recordaba a alguien o algún suceso lo puso en su museo. Él convocaba a la gente para hacer un recorrido, cuarto por cuarto, objeto por objeto, y que las personas dejaran lo que fuera su voluntad, así vivió durante mucho tiempo. 

 

¿Con estos elementos se conformó la obra? 

Sí, y lo hizo de una manera muy especial. Lo que el público verá es la historia del autor (Doug Wright) que se incluyó como personaje, y nos narra lo que pasó. 
 

¿Y que fue lo que sucedió? 

Doug llega mochila al hombro a la ciudad de Berlín, andaba de desmadre. De pronto, uno de sus cuates que es periodista le dice que hay un tipo vestido de mujer, que enseña unas baratijas, y decide ir a burlarse de él. 

Este amigo suyo lo invita a Berlín enviándole un mail, le dice: "no mames, tienes que ver a un cuate, tú que quieres ser autor". Lo más anecdótico es que Doug Wright también es gay, que creció en una comunidad católica en Nueva York, bajo una educación represiva total. 

Cuando va al museo de Charlotte y ve a este cabron, dice: "Este hombre es Dios. ¿Cómo no lo mataron y logró sobrevivir a esa hostilidad brutal del nazismo y comunismo?".

Y entonces lo endiosa. Lo que nos narra en la obra es su relación con este personaje.

 

Si es un diálogo entre Charlotte y Doug, ¿por qué hay 356 personajes? 

Yo creo que no pensaba poner otros 35 personajes en escena pero lo hizo ante su necesidad de no tomar partido por este personaje, y así poder mostrarlo con sus contradicciones para que el publico lo juzgara. Decidió que el mismo autor hiciera los personajes, ¡y éste es el parto de chayotes pa tu charro! 

 

¿Es complejo realizar el taller actoral para esta obra? 

¡Es un desmadre! Trabajo con la grabadora, con el espejo, con lo que me pide la directora (Lorena Maza), y afortunadamente Lorena sabe pedir a un actor qué es lo que quiere, estoy contento con que ella me dirija. 
 

¿Eres actor, director y productor? 

Defendiendo al Cavernícola lleva 9 años en escena. Llevó 41 obras como director, en 28 he dirigido y actuado.

Pero este montaje está del carajo. Aunque tengo 126 obras como actor, puede que sea lo más difícil, sobretodo para mí, no caer en los cliches y caricatura, pues una puesta en escena es un acuerdo entre lo que quiere expresar la dirección con su instrumento, que soy yo. 

La obra no es lo que escribió el autor, lo que dirigió la señora, o lo que interpreto yo. Es la impresión que el espectador se lleva a su casa. 

El espectador en su casa llegará a una conclusión de quién es esta Charlotte, ¿fue un ser nefasto, fue un héroe? Yo, básicamente, creo que es la historia de un sobreviviente. Aquel en donde se muere mucha gente y tiene la capacidad de salir adelante. 

 

¿Cómo integramos esta obra a la cotidianidad teatral?  

¡Qué te digo! Cuando algo no es negocio... si no fuera negocio, el teatro no existiría.

Tenemos en contra la inseguridad galopante, el tránsito, la falta de transporte público, un resguardo policiaco deficiente. Y a pesar de eso, existe una cartelera más grande que la de Londres o Broadway. Dentro de eso hay unas mierdas inenarrables y obras muy bien hechas. Algunas no están anunciadas en la cartelera y son espléndidas puestas que se encuentran en la escena de teatro universitario experimental, que te encuentras en refugios universitarios, o en el círculo de teatro que dirige Alberto Estrella. El teatro, afortunadamente, tiene publico más reducido que muchos medios de difusión, pero sigue sobreviviendo, si no simplemente no existiría. 
 

Pero, ¿cómo se llega a la congruencia en el teatro? 

Para mí es una obsesión. Yo tengo un dicho que me define, por esa desesperación por ver el cáncer que padece la sociedad mexicana. 

Para echarte un palito en un motel, o el amor eterno. Analizar la política, la filosofía, la religión, el devenir económico de la humanidad. Pa´ chingarse unas garnachas de chicharrón. ¡EN LO QUE QUEDAMOS CARAJO!

Eso es lo que no sucede aquí. En alguna proporción hay un acuerdo y siempre falla. Eso es la falta de congruencia. A lo que uno aspira con la gente que uno trata es que cumpla con el acuerdo, si eso funcionara de otra sociedad, hablaríamos. Un síntoma de ello es la impuntualidad.

 

Hablaste de lo afortunado de que el teatro tenga un público reducido, ¿a qué te refieres? 

Hablamos de que el teatro, a diferencia de los medios masivos de comunicación, tiene poco público. Imagínate en la década de los setenta un musical como El diluvio que viene, créeme que muy pocas puestas en escena en el siglo XX mexicano llegaron a un millón de espectadores, ¡échale un caldo!

Pasado un año, El diluvio que viene llegó al millón de espectadores, los boletos para las dos funciones al día que se hacían quedaban agotados. 

Y yo, sobre mi lomo, me chutaba dos funciones de martes a domingo del Diluvio. Cuando las cargué en mi lomo me di cuenta lo que era eso, llegar a un millón de espectadores, ¿y qué te gusta que cualquier novela de televisión convocara?, ¿50 mil espectadores? 

 

¿Y cómo incluyo al teatro en esto? 

El fenómeno del teatro opera en la gente que no lo vio.  

Te hablaré de una revolución fundamental del teatro. A fines del siglo xix y principios del xx hubo un autor francés,  Alfred Jarry, que escribió una obra que se llama Ubu Rey. La puso en un teatro de bolsillo, no sé si eran 7 o 24 espectadores. Sale Ubu a escena, se baja los pantalones, y pronuncia la palabra "merde" (mierda), y se parte en dos la historia de la humanidad. Ante 7 espectadores, ahí nace el teatro contestatario. Me atrevo a decir que en ese momento nace el Rock and Roll, éste es el impacto del teatro.  

Se convierte en la modificación de los que comentaron la obra, hasta que hace una onda concéntrica. 

El teatro nunca ha hecho una revolución, pero sí desglosa los grandes acontecimientos políticos y filosóficos. Pero es la representación la que contagia a mucha gente aunque no haya participado directamente del espectáculo.

 

Como actor, ¿qué prefieres transmitirle al público: un sentimiento o una idea? 

Mira, los actores no convencemos en la mente, lo hacemos en la panza, con lenguaje empático. A mí me creen si emociono, si yo convenzo en la panza, ésa es la comunicación que el espectador recibe, esto es la comunicación química, que es muy importante para que el público se lleve la representación. 

Te repito: no vamos a transformar a la humanidad, pero el oficio me permite percibir al público y emocionarlo.


 

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